viernes, 30 de marzo de 2012

Saberes sobre la educación a distancia


  • I.    El saber práctico.
  • II.   El saber técnico.
  • III.  El saber científico.
  • IV.  El saber teórico.


I. El saber práctico.

Furnte: aretio.blogspot.com.es

Saberes sobre la Educación a Distancia I. El saber práctico

Son diversas las formas en que quienes trabajamos como docentes, diseñadores, responsables institucionales, técnicos, estudiosos, investigadores, etc., de la educación a distancia tenemos para aproximarnos a su conocimiento, para desenvolver las competencias requeridas en cada caso. Nos estamos refiriendo a las diferentes formas de aproximación al saber sobre la educación a distancia en sus múltiples manifestaciones, dimensiones y propuestas con que esta modalidad se nos presenta hoy y se nos ha presentado a lo largo de las últimas décadas. Trataremos de proponer las que se nos ocurren como más destacadas formas de este saber: saber práctico, saber técnico, saber científico y saber teórico. Hoy nos referiremos al saber práctico. en sucesivos posts de este blog acotaremos los demás.

El Saber práctico sobre la educación a distancia

Estaríamos hablando del saber basado en la experiencia, saber experimentado o saber espontáneo. Sería el saber propio del práctico, del educador a distancia que a base de ensayo y error, por ejercicio, por hábito, sabe cómo actuar en las diferentes ocasiones que le brinda esta forma de educar. Es ésta una de las formas más usuales de saber dentro de este ámbito. Se refiere a aquella intervención que está guiada por el sentido común, por los hábitos de los propios agentes, por la experiencia, la tradición, las creencias, las teorías implícitas... Se trata de una actuación que no se fundamenta en ninguna reflexión crítica consciente, ni en fundamentación científica alguna, sino únicamente en lo que es propio de esa forma de educar/enseñar según quienes la vienen practicando, por lo que, en consecuencia, se transmite de forma no sistemática. En este sentido, la mayoría de modelos y pautas de conducta de todos y cada uno de los agentes implicados se ponen en acción porque es lo asumido por la generalidad, sin llevarse a cabo ninguna reflexión previa sobre la adecuación o no de los mismos. No se da sistematización ni planificación intencional expresa, sino que por medio de la observación y de la experiencia se van asumiendo aprendizajes a partir de los diversos modelos y propuestas conocidas que nos rodean. Se trata, en definitiva, de un saber hacer que se sostiene por uso, quizás rutina, e inculcación de hábitos.

Este saber sobre la educación a distancia sería un saber directo, como decimos, carente de reflexión o consciencia y, consecuentemente, desprovisto de argumentos que muestren el por qué se actúa así y no de otra manera. Se trataría de aplicar aquello que vi hacer, aquello que intuyo o aquello que vengo haciendo con no malos resultados pero sin razones ni tecnológicas ni científicas de por qué hago lo que hago, aunque a eso que hago le aplique el sentido común. Parece que es a través de este saber mediante el que se educa de forma mayoritaria, no solo en educación a distancia, también en los sistemas más convencionales. Y en lo que nos ocupa en este espacio, con más probabilidad, la realidad quizás sea porque el conocimiento de la educación a distancia de carácter más fiable, científico en definitiva, está aún “en pañales” y el poco que existe está escasamente asimilado y muy poco divulgado. Amén del convencimiento que muchos tienen de que ese tipo de conocimiento sirve para poco dado que lo que hacen, basado en la experiencia, funciona bien.

Naturalmente, no despreciamos, ni mucho menos, este tipo de saber. Es más, estamos convencidos de su valor y de la necesidad de que quienes no tienen experiencia realicen inmersión en situaciones prácticas exitosas que otros desarrollan. Además, no nos cabe la menor duda de que el práctico exitoso con sus aplicaciones relativas a la educación a distancia, está aplicando, aún sin percatarse de ello, principios, saberes… experimentados, recogidos del ejercicio, de la práctica pero que tienen su fundamento teórico y su base tecnológica o científica. En todo caso, existen propuestas y corrientes que abogan por reconocer al profesor como quien debe generar su propia teoría respecto a casos concretos, más que aplicar simplemente teorías generales propuestas por otros. En fin, tema para el debate.

Publicado por Lorenzo García Aretio


II. El saber técnico.

Fuente: aretio.blogspot.com.es

Saberes sobre la educación a distancia II. El saber técnico


Decíamos en el post anterior sobre el "Saber práctico" que son diversas las formas en que quienes trabajamos como docentes, diseñadores, responsables institucionales, técnicos, estudiosos, investigadores, etc., de la educación a distancia tenemos para aproximarnos a su conocimiento, para desenvolver las competencias requeridas en cada caso. Nos estamos refiriendo a las diferentes formas de aproximación al saber sobre la educación a distancia en sus múltiples manifestaciones, dimensiones y propuestas con que esta modalidad se nos presenta hoy y se nos ha presentado a lo largo de las últimas décadas. Hoy vamos a referirnos al saber técnico.

El saber técnico sobre la educación a distancia

En esta ocasión nos estaríamos refiriendo al saber hacer, pero en este caso saber hacer la educación a distancia conociendo el por qué, la causa por la que se hace lo que se hace, las razones de por qué la actividad que se pone en práctica tiene éxito o puede tenerlo. En este saber, la teoría y la práctica confluyen. Incluso diríamos que lo sustantivo es más el saber que el hacer. La técnica es siempre medio, un instrumento adecuado para el desarrollo de una acción que implica habilidad, destreza..., además de la utilización de instrumentos.

Estaríamos hablando de la tecnología entendida como la reflexión sistemática y procesual sobre el saber técnico, y no tanto, como habitualmente hacemos, como cacharrería más o menos sofisticada, como artefactos y artilugios. Así, un buen tecnólogo de la educación a distancia sería aquel, no que usa bien el hard y el soft, sino que actúa por razones bien fundamentadas; su especialidad serían las acciones racionales y su finalidad primordial el conseguir los resultados pretendidos con la mayor eficacia y eficiencia. Esa es la base del proceder tecnológico, algo así como lo opuesto al proceder artesano. Las formas de actuar del artesano, por definición, no son científicas, actúa por tradición, por experiencia práctica, y por ello se puede dudar de su éxito porque la objetividad estaría ausente.

Sin embargo, no deberíamos confundir esta forma de entender la tecnología con la ciencia. Mientras que la ciencia busca leyes e interpreta hechos, la tecnología, que depende de aquella, persigue establecer normas e intervenir en la realidad para que suceda aquello que se pretende. En realidad, mientras el científico centra todo su esfuerzo en profundizar en el conocimiento, el tecnólogo busca ese saber para hacer, en función de unos objetivos que, convenientemente ordenados, guían hacia un resultado previamente establecido.

La tecnología se está transformando en una de las formas actuales de hacer ciencia, y en el caso de la educación, supondrá la debida articulación entre los medios y las finalidades del quehacer educativo. A la técnica también le preocupa la propuesta de los fines, las consecuencias de la acción pedagógica, el proceso mismo de la actuación educativa, la eficacia de los recursos, etc.

Desde esta perspectiva sobraría hablar de tecnología cuando nos referimos sólo al ámbito de aplicación de las máquinas industriales, de la informática, de la telemática..., que no son otra cosa que las herramientas y las técnicas de que se vale la inteligencia para el logro de determinados fines. Por otra parte, también somos conscientes de que tanto la tecnología como la ciencia son conocimientos provisionales, como ya recordaba Popper en 1973, en constante progreso mediante el proceso de comprobación, verificación y revisión tanto de los contenidos como de sus aplicaciones.

En educación a distancia se trataría de optimizar todas las variables que confluyeran en un determinado proyecto de acción formativa, planteándolas de forma estructurada, sistematizada, secuenciada y en complejidad creciente.

Es cierto que se ataca a este tipo de saber por su carácter eficientista al aplicar al hacer educativo los procedimientos de rentabilidad industrial o económica. Se buscan resultados, aplicación de técnicas con la idea de alcanzar los mejores productos de forma rápida y al menor coste posible, importando menos qué sea la educación a distancia y cómo mejorarla. Se haría difícil, con esta forma de proceder, el encontrar caminos diferentes que lleven a resultados distintos. El camino y los procedimientos, según este saber y entender tecnológico, estarían marcados, serían unívocos.

Esta perspectiva llevada a su caso extremo sería llevar, por ejemplo, la conducta humana a lo observable y medible y, por tanto, la educación a una secuenciación de pasos, etapas o fases de carácter mecánico. Se estaría rechazando prácticamente todo lo no observable, todo lo no medible, la impredecibilidad del ser humano.

Es obvio que si las pautas están marcadas de antemano se deja escasa cancha al actuar creativo, a la variedad de opciones e interpretaciones, a la espontaneidad del comportamiento humano que difícilmente podrá soportar fases tan estrictamente planifica­das. Estas normas con estructura uniforme preestablecida conforma­rían la aplicación extrema del paradigma tecnológico, más propiamente llamado en este caso tecnicista. El peligro es real habida cuenta de lo cómodo que resulta aceptar decisiones ajenas, perfectamente forma­li­zadas, sin acudir a la crítica de las mismas.

Este paradigma, así considerado, supondría una imposición tanto para el alumno como para el docen­te, ejecutor de una acción planificada, previsiblemente elaborada y contro­lada desde fuera del ámbito propiamente del educador y del educando, por personas ajenas al proceso. Diversi­ficar las funciones de planificación, desarrollo y control o evaluación, propias de la técnica aplicada a los fenómenos físico-naturales, no puede aplicarse sin más a la práctica pedagógica. Negar la flexibilidad a los procesos pedagógicos sería tratar a los educandos como autóma­tas sujetos a estímulos ante los que habrían de reaccionar de manera uniforme, cuando, en realidad, una misma norma técnica aplicada simultáneamente a distintos sujetos provoca reaccio­nes diferentes y asimilaciones no idénticas en los mismos.

Sin embargo, frente a estos planteamientos extremos, pensamos que los esquemas de acción de los que, gracias a la tecno­lo­gía, un docente puede disponer hoy en los sistemas a distancia, mejoran la intervención educativa porque han sido elaborados, en base a fundamentos científicos, con el fin de validar la prácti­ca educativa.

El paradigma tecnológi­co sigue presentando una gran influencia en las diferentes propuestas educativas. Pensamos que mediante este saber se pretende la refle­xión, elabo­ra­ción, explica­ción y posterior aplicación de elementos y proce­sos propios de la intervención educativa. Esto es, raciona­li­zar, sistematizar los medios y procedimien­tos y hacer eficaces las decisiones pedagógi­cas que tratan de responder a los problemas reales de la EaD; gene­rar técnicas de acción educativa partiendo del progreso de la ciencia pedagógica que, no se olvide, al igual que la técnica que de ella se deriva es de carácter provisio­nal. Así se hace tecno­logía en educa­ción.

Resulta lógico que este saber tecnológico exija a los educadores a distancia, más conocimientos científicos y técnicos sobre esta forma de educar/enseñar, más reflexión crítica sobre su propia práctica, en definitiva, más competencia profesional y esfuerzo que les aleje de actuaciones precientíficas y espontáneas. No se trata de aplicar pasivamente un repertorio de técnicas, sino considerar los contextos, las situaciones, los condicionamientos... decisiones que conducirán al logro de los fines establecidos, teniendo en cuenta, a la vez, las características del sujeto al que va dirigida esa acción y su contexto. La decisión habrá de fundamentarse científicamente con el fin de elegir la mejor opción que se adecue a ese caso único y singular. Exigiría de la intervención flexible, adecuada y planificada de acuerdo a una serie de variables que inciden en el desarrollo del proceso educativo.

Así, las normas técnicas, entendemos que, para un educador a distancia serían de obligado conocimiento, pero no como propuesta encorsetada de acción y de aplicación indiscriminada y uniforme. La conducta humana, las características del individuo y grupo, las circunstancias en que acaece la acción educativa, el entorno físico o virtual, son elementos que indiscutiblemente han de considerarse siempre en cualquier acción educativa, además de que debería incentivarse el componente creativo de cada sujeto y de cada educador. De esta manera, esas normas generadas desde el proceder tecnológico pueden valer, y mucho, para una acción planificada pero realimentada constantemente por esas variables antes señaladas y por otras que pudieran interferir en el proceso. Así estaríamos ante una forma de concebir la técnica aplicada a la educación, abierta, flexible y positiva. Por todo ello, la actividad educativa en este campo ha de ser desem­peñada por profesionales, tecnólogos que actúen científi­ca­mente, que compren­dan los problemas educativos y el reperto­rio de conoci­mientos científicos que sobre el particular existen, los casos similares ya resueltos y las técnicas que permiten abordarlos.

Publicado por Lorenzo García Aretio 


III. El saber científico.

Fuente: aretio.blogspot.com.es

Saberes sobre la educación a distancia III. El saber científico


Como formas de aproximarnos a la educación a distancia considerada como objeto de estudio, y tras describir brevemente qué entendemos por saberes práctico y técnico en los dos posts anteriores, hoy me referiré, con más brevedad aún, al saber científico.

Esta forma de acercarnos al saber sería, en extremo, demostrativa, necesaria, rigurosamente lógica y, en fin, deducida a partir de los primeros principios evidentes por sí mismos. 

Claro, que con estas características, ese saber científico quedaría muy reducido a las ciencias más formales, a las ciencias “duras”. A esas características propias de las primeras concepciones de saber científico, poco a poco se le fueron agregando otras tales como la inducción, las otras formas de demostración, no solo lógica, sino por verificación, falsación, testabilidad…, la ampliación, en fin, del concepto de ciencia hasta incluir saberes tradicionalmente adscritos a otros tipos de reflexión, tales como las ciencias sociales y humanas. De otra manera el saber científico en torno a la educación no existiría y, por ende, tampoco el referido a la educación a distancia.

No cabe duda de que nos encontraríamos ante la forma de conocer más garantista de resolver exitosamente los problemas que pudieran presentársenos en el campo de nuestro interés. Si los enunciados que pudiéramos afirmar sobre el campo que nos ocupa tienen la posibilidad de comprobarse, llegaríamos al pretendido asentimiento generalizado que se trataría de buscar.

Abogamos por tanto, en educación a distancia, sin menospreciar, ni prescindir de las otras formas de conocer, por unos conocimientos relacionados unos con otros de forma coherente, generalizables, con suficiente grado de objetividad y contrastados mediante métodos de verificación fiables.

Publicado por Lorenzo García Aretio


IV. El saber teórico.

Fuente:aretio.blogspot.com.es

Saberes sobre la educación a distancia (y IV). El saber teórico


Decíamos en una entrada anterior sobre "El saber práctico", que son diversas las formas en que quienes trabajamos como docentes, diseñadores, responsables institucionales, técnicos, estudiosos, investigadores, etc., de la educación a distancia tenemos para aproximarnos a su conocimiento, para desenvolver las competencias requeridas en cada caso. Nos estamos refiriendo a las diferentes formas de aproximación al saber sobre la educación a distancia en sus múltiples manifestaciones, dimensiones y propuestas con que esta modalidad se nos presenta hoy y se nos ha presentado a lo largo de las últimas décadas. Hoy, tras el análisis de otros tres tipos de saberes sobre la EaD, dedicamos unas líneas al saber teórico.

El saber teórico sobre la educación a distancia

El saber teórico está muy ligado al saber práctico, aunque la teoría en su concepción originaria hace mención al simple, o no tan simple, acto de ver, observar o contemplar. Es decir, limitarse a la observación sin que la misma se contamine con la actividad práctica. Sería algo así como el conocimiento por el conocimiento sin afán de aplicación posterior. Al saber teórico, posteriormente se le ha venido exigiendo que, tras esa contemplación, seguidamente se supiera describir y explicar esa realidad cuidando de relacionar los hechos y fenómenos de forma debidamente articulados.

Se trata de reflexionar sobre la propia práctica, sobre el bagaje teórico que nos aportan las diferentes ciencias. En nuestro caso. se trata ya de ir construyendo un cuerpo de leyes y de conocimientos sobre la educación a distancia, a partir de los casos particulares. Es decir, de un modo inductivo, intentar ir extrayendo regularidades para esta tarea de educar a distancia. Lo esencial en este caso es, por lo tanto, la dimensión reflexiva y crítica que se otorga a la práctica educativa, de tal modo que se potencia la indagación en sus fundamentos, se intentan proponer nuevos medios para lograr una mayor eficacia, etc.

Aunque los saberes teóricos y prácticos se han venido considerando como opuestos, deberíamos entender que la teoría, tal y como se concibe hoy (alejada de su significado primigenio) sólo tendría sentido si se llega a convertir en un conocimiento instrumental al servicio de esa práctica, al ofrecer el conocimiento preciso para explicar las causas, cuestión que también estaría ligada al saber técnico. Así podríamos entender que teoría y práctica son saberes recíprocos, que deben estar integrados. En suma la teoría es contemplación de la realidad, que pretende conocerla, descubrirla y explicarla para, de este modo, poder intervenir positivamente en ella. La teoría será educativa en la medida en que posibilita la acción práctica -y/o la productiva-, ya que será su relación con la praxis lo que dará valor educativo. Ésta se valida siempre en la práctica, a la vez que la práctica llega a generar la teoría.

Actualmente la teoría amplía su cometido, yendo más allá de la pura contemplación, descripción o explicación dado que también desde la teoría se pueden abordar fenómenos dinámicos y procesos, como es el caso de la educación en general y de la educación a distancia en particular. Ya en otro lugar, en el que recogíamos ideas nuestras de hace más de dos décadas, postulábamos el sentido de una teoría de la educación a distancia como la construcción científica que consiste en la sistema­tiza­ción de las leyes, ideas, principios y normas, con objeto de describir, explicar, comprender y predecir el fenómeno educativo en la modalidad a distancia y regular la interven­ción pedagógica en este ámbito. Este conocimiento teórico así entendido, estaría íntimamente ligado con los otros saberes a los que venimos haciendo mención en estas entradas al blog.

Sería de interés reflexionar sobre en qué situación se encuentran las instituciones de educación a distancia, sus promotores, sus “ideólogos”, sus líderes, sus estudiosos, sus docentes en cuanto a los saberes mostrados. ¿Qué ámbito de saber es el que podríamos encontrarnos tras un análisis, aunque fuese superficial?


Publicado por Lorenzo García Aretio

: Catedrático de Universidad de UNED. Titular de Cátedra UNESCO de EaD. @lgaretio
  
       

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